viernes 26 de agosto de 2011

Golpe de Estado Económico


Llevaba mucho tiempo sin escribir sobre política, pero creo que lo que se está fraguando estos últimos días de espaldas al pueblo hace necesario dar mi opinión para quien quiera perder unos minutos de su tiempo leyéndola.
En esta ocasión el golpe contra la democracia y contra el pueblo tiene doble vertiente, una política y otra económica.

La vertiente política está clara, Un cambio en la Constitución que el PSOE no llevaba en su programa electoral y que no ha sido ratificado por los españoles ni en la jornada electoral, ni ahora, ya que se quiere impedir un referendum que diera a conocer la opinión actual de los ciudadanos. Y lo que es más grave todavía, esta medida, este golpe a la democracia, viene impuesta desde el BCE y el Gobierno Alemán. 
Ante todo esto, mi opinión es bien clara, cualquier cambio en la Constitución, aunque no lo marquen los propios mecanismos de reforma constitucional, debe ser sometido a referendum entre los ciudadanos. Y esto es así, porque tenemos que tener claro que los políticos no tienen un cheque en blanco que se les renueva cada cuatro años, periodo durante el cual pueden hacer y deshacer a sus anchas sin tener que rendir cuentas ante nadie. Son nuestros representantes elegidos para servir y proteger nuestros intereses tanto actuales como futuros y no para arrodillarse al servicio de las grandes corporaciones y los especuladores internacionales. Si no se somete a referendum esta medida política que condicionara a las generaciones futuras es, o porque se tiene miedo a la opinión del pueblo, o porque el Gobierno sabe que no es ante el pueblo donde deberá rendir cuentas.

En cuanto a la vertiente económica de la reforma, el asunto es todavía más peliagudo. Se va a introducir en la Carta Magna un ideario determinado. La política del "déficit cero" también conocida como "estabilidad presupuestaria", que se va a consagrar como dogma con la reforma, es una de las piedras angulares y caballo de batalla del neoliberalismo desde hace mucho tiempo. Con ello simplemente se obliga a los gobiernos a no gastar más de lo que ingresen. Si esto lo trasladamos a una economía domestica, algo que les encanta utilizar a los economistas neoliberales, supone que ninguna familia podría pedir un crédito para comprar una casa, tendría que hacer frente a sus gastos simplemente utilizando los ingresos familiares, principalmente, y en muchos casos únicamente, el salario. Cualquier "ama de casa" sabe que esto es imposible y que llevaría a la economía familiar a la quiebra. Pues lo mismo para un Estado, al cual se le dejaría indefenso y sin herramientas para hacer frente a los gastos públicos necesarios. Y es que cuando la actividad privada desciende, por ejemplo en tiempos de crisis como el actual, una forma de reactivar la economía es mediante el gasto público generando empleo y mayor actividad económica. Es uno de los principios del keynesianismo, recientemente apoyado por los Premios Nobel de Economía Paul Krugman y Joseph Stiglitz. Sin embargo, otros muchos economistas y Premios Nobel no opinan de la misma forma. 
Esto nos demuestra algo que hay que tener en cuenta a la hora de intentar entender la economía y es que la ciencia económica se basa muy poco en evidencias científicas y mucho en ideología política. Las políticas y sus efectos no son infalibles y dependen de muchos factores. Los economistas sólo pueden ver los efectos de sus políticas a través del retrovisor del coche, nunca verán la carretera por la que circulan hasta que ésta no haya quedado atrás.
Por todos estos motivos, estoy en contra de consagrar en la Constitución el "déficit cero", porque ello dejará sin otra herramienta más al Estado para poder modular políticas adecuadas tanto en tiempos de bonanza como en tiempos de recesión. Y es que obligar a prescindir del endeudamiento sólo supondrá la disminución en la calidad de los servicios públicos que el Estado tiene la obligación de ofrecer a los ciudadanos y provocar que dichos servicios acaben en manos privadas, último objetivo del neoliberalismo, acabar con el peso del Estado dejando todo el poder en manos de los mercados. 
Además, mientras no se acometan otras reformas, como son acabar con el fraude fiscal o aumentar los impuestos a las rentas altas, recuperar el Impuesto de Patrimonio y el de Sucesiones y Donaciones, que provean de ingresos al Estado. O impedir que los bancos privados presten dinero cuatro y cinco veces más  alto, a los países, de lo que ellos lo reciben del BCE. Creo que la "estabilidad presupuestaria" no debería entrar entre las prioridades de ningún gobierno.

Esta es mi modesta opinión, que se ha formado tras un poco de lectura y mucho sentido común. Para mayor información recomiendo:
Y para pedir al Gobierno que someta la reforma a Referndum pincha aquí.

Jesús Ruiz